"Las ideas son menos interesantes que los seres humanos que las inventan" FranÇois Truffaut

miércoles, agosto 26, 2015

¿Es la UE una dictadura alemana? Y si lo es, ¿es la mejor opción?

Calificación 
¿Es posible erradicar el control político para que la sociedad se organice de manera anárquica?  ¿Quizás gracias a la tecnologías de la información ya sea posible una sociedad sin jerarquías?  ¿O, por el contrario, debido al tamaño cada vez más gigantesco de los países y las construcciones supraestatales la dictadura burocrática sea más necesaria que nunca?

Tanto por las utopías anarcocapitalistas made in Silicon Valley como por las dictaduras emergentes asiáticas, la democracia liberal está contando con menos fans entre las élites académicas. Federico Fellini rodó una refutación de que fuese posible una coordinación sin control cuando la complejidad de la tarea se hacía mayor en la película Ensayo de orquesta (1979), cuando los miembros latinos de una orquesta se rebelan contra el director de la misma, un alemán, y la misma partitura que debían ensayar. El director abandona el ensayo y se refugia en su camerino. Mientras los miembros de la orquesta tratan de coordinarse entre ellos. Inútilmente, todo deviene un caos, una confusión, ya que mientras que algunos tratan de imponer su punto de vista, otros se dedican a hacer lo que les da la gana. La revolución sigue anárquicamente, con las paredes llenas de eslóganes y símbolos de rebelión. De repente, el edificio empieza a temblar como si fuera golpeado por una bola de acero. No lo parecía. Se produce el derrumbamiento de una de las paredes que mata a un arpista. Tras la confusión y el terror, vuelve el director del camerino. Y el ensayo de orquesta se reinicia donde lo dejó, con maneras si acaso más dictatoriales.

 
 Si como sostiene Daniel Bell, la dictadura de los sabios funcionarios confucianos es lo óptimo para China, ¿Cabría defender algo así para Europa, disciplinados todos por la directora de orquesta Angela Merkel?

martes, agosto 25, 2015

Torear o no torear, esa no es la cuestión

Calificación 



En Vózpopuli publico un artículo sobre la moral y la política de las corridas de toros, un complemento al que escribí en Libertad Digital a raíz de los comentarios que me hicieron en el anterior y un artículo del más célebre animalista español, el filósofo Jesús Mosterín.




jueves, agosto 20, 2015

El toreo no es cultura

Calificación 


Puedo condenar y condeno a Israel, a Angela Merkel, al patriarcado, a los mercados, a de Nietzsche a Mourinho, a los EE.UU., al Imperio Galáctico y, por supuesto, al toreo que, como explico en Libertad Digital, no es cultura (no vaya a ser que el próximo curso los maratianos "amigos de la gente" no me dejen dar clase)



martes, agosto 18, 2015

Sócrates contra "Catalunya"

Calificación 



En Vozpópuli aprovecho el estreno de la obra El juicio de Sócrates, interpretada por José María Pou y dirigida por Mario Gas, para cuestionar el desafío a la democracia en nombre de la oclocracia de Artur Mas y Ada Colau, es decir, del nacionalismo más radical y la izquierda más extrema.  En Cataluña contra Catalunya.


miércoles, agosto 12, 2015

Albert Rivera: ¡Es la educación, estúpido!

Calificación 


Parece que llamo idiota a Rivera pero es todo lo contrario. En Vozpópuli disecciono el programa educativo de Ciudadanos, una loa general (laicismo, promercado, autonomía escolar, excelencia) y un par de enmiendas sobre cheque escolar, homeschooling y escuelas diferenciadas por sexo.


lunes, agosto 10, 2015

La deriva dictatorial del anarco-capitalismo contra la democracia liberal

Calificación 
Juan Ramón Rallo se deslizó por una pendiente resbaliza que le llevó de las primarias de Podemos a una refutación de la democracia.  Algunos/as (Blanco, Negro y, aunque de forma mucho más gris, yo mismo) respondimos que no, no hay ninguna contradicción entre democracia y libertad.  No es este un caso como el del huevo o la gallina porque en la tradición liberal las libertades constituyen uno de los vectores que constituyen la democracia.  Como decía en mi artículo en Vozpópuli la democracia sin mercado está vacío, del mismo que el mercado sin democracia resulta ciego.  En su ejemplar Discurso Fúnebre, Pericles lo estableció con palabras inmortales

"Tenemos un régimen político que no se propone como modelo las leyes de los vecinos, sino que más bien es él modelo para otros. Y su nombre, como las cosas dependen no de una minoría, sino de la mayoría, es Democracia. A todo el mundo asiste, de acuerdo con nuestras leyes, la igualdad de derechos en los conflictos privados, mientras que para los honores, si se hace distinción en algún campo, no es la pertenencia a una categoría, sino el mérito lo que hace acceder a ellos; a la inversa, la pobreza no tiene como efecto que un hombre, siendo capaz de rendir servicio al Estado, se vea impedido de hacerlo por la oscuridad de su condición. Gobernamos liberalmente lo relativo a la comunidad, y respecto a la suspicacia recíproca referente a las cuestiones de cada día, ni sentimos envidia del vecino si hace algo por placer, ni añadimos nuevas molestias, que aun no siendo penosas son lamentables de ver. Y al tratar los asuntos privados sin molestarnos, tampoco transgredimos los asuntos públicos, más que nada por miedo, y por obediencia a los que en cada ocasión desempeñan cargos públicos y a las leyes, y de entre ellas sobre todo a las que están dadas en pro de los injustamente tratados, y a cuantas por ser leyes no escritas comportan una vergüenza reconocida"

The Economist, más pragmático y menos retórico, se limita a establecer las libertades como una de las variables para jerarquizar los sistemas democráticos (que siempre es bueno comparar con el índice capitalista)  Una clasificación en la que España se encuentra muy bien situada tradicionalmente, contra los catastrofistas de izquierdas y derechas que nos asolan con sus paisajes apocalípticos y sus revoluciones de opereta.  Rallo no ha descubierto Rallo América al dictaminar que la democracia es un mal sistema.  Es algo que sus defensores estamos subrayando todos lo días desde que Churchill estableció que es el peor de los sistemas políticos con excepción de todos los demás.  Por eso no es un tabú su crítica sino que forma parte de su ADN.  La única distinción reside entre aquellos que creen que los problemas de la democracia se arreglan, mal que bien, con más y mejor democracia y los que como Rallo tratan de convertir sus paradojas catalizadoras en contradicciones auto destructivas.

El problema institucional de los demócratas griegos es que no calibraron la necesidad de proteger los derechos de las minorías, de articular la separación de poderes e implementar un sistema de recambio de gobierno sin derramamiento de sangre.  La democracia directa estaba insuficientemente diseñada y por ello tendía a la oclocracia, el populismo en forma de dictadura de la mayoría .  Platón creyó, como ahora sostiene Rallo, que la democracia tiene problemas irresolubles y por eso postuló un sistema alternativo: la dictadura de los sabios.  Sin embargo, en Pericles está en espíritu el programa de la democracia liberal en cuanto individualismo humanitario que no se agota en la simpleza de la democracia como tiranía de la mayoría (la terrible oclocracia) sino, sobre todo, como acción comunicativa basada en el diálogo y el debate fundamentados en la libertad de expresión vinculada a la búsqueda del bien común (parresía), combinando la isonomía (la igualdad ante la ley) con la isegoría (igualdad en la participación).  Esos principios fundamentales se traducirán después en diversas instituciones, y de su mejor o peor diseño habrá una mejor o peor calidad de la democracia (como sostienen Acemoglu & Robinson en su ¿Por qué fracasan los países?), lo que afectará a dichas instituciones no al principio democrático en sí.

El testigo democrático de Pericles lo tomaron diversos pensadores demócrata-liberales (de Montesquieu a Kant pasando por Tocqueville o Locke) hasta llegar en nuestra época a Isaiah Berlin -aclarando los dos conceptos de libertad que hay que satisfacer, para lo cual la dualidad Estado-Mercado es tan primordial- y  Karl Popper cuando estableció un paralelismo entre la democracia liberal y el sistema científico.  Del mismo modo que la ciencia funciona, grosso modo, como un sistema de conocimiento imperfecto, siempre a la búsqueda de una verdad que sabemos inalcanzable porque se basa en hipótesis falsables que son refutadas por la experiencia, la democracia liberal se basa en la falibilidad de aquellos que en un momento dado ejercen el poder, que en principio puede ser cualquiera.

Para Popper la democracia es un mecanismo para cambiar a los que están en el poder sin derramamiento de sangre.  Pero también es algo más, del mismo modo que el capitalismo no es solo una apología del mercado como la mejor máquina disponible para procesar la información.  Porque el liberalismo político, así como el económico, se basa en la idea de la dignidad intrínseca de todas las personas.  La defensa de la democracia es indisoluble de la pasión por la libertad, como supo ver Nietzsche en su caracterización del Julio César de Shakespeare al darse cuenta que en realidad el héroe trágico de la obra teatral es Bruto en cuanto que encarnación de la defensa de la libertad política a favor del imperio de la ley y de la república.

Que la democracia liberal tiene problemas estructurales es una cuestión que ha surgido del mismo seno de la órbita académica liberal.  Pero de dichos problemas no se deriva que la democracia constitucional deba ser sustituida por una dictadura como pretende el anarco capitalista Hans-Hermann Hoppe ("monarquía" lo llaman sus defensores siguiendo la clasificación clásica aristótelica y a Platón que al final de la República caracteriza su "dictadura de sabios" como una "autoridad única") sino en una configuración de los mecanismos democráticos para hacer su funcionamiento más ajustado a las preferencias en el largo plazo de los ciudadanos, más allá de calentones momentáneos (que hacía tan frágil la democracia directa ateniense) y protegiendo los derechos fundamentales (para que cada uno pueda hacer de su capa un sayo pero si obligar a las minorías a que no puedan hacer de su capa un capote).  Suele suceder cuando habitas en los utópicos terrenos alejados del principio de realidad, que pasas en un santiamén de defender la utopía anarquista a su extremo contrario, una dictadura monárquica.  Hoppe haría buenas migas con Chesterton, un medievalista que creía que como la Edad Media no ha habido nada en el mundo en cuanto a libertad y felicidad.  También estaría de acuerdo con Fidel Castro en que la democracia liberal-participativa-constitucional-representativa es la peor de las dictaduras.   Y es que los sueños de la razón no sólo produce monstruos sino también extraños compañeros de cama utópica.

Me da la impresión de que esta inquina contra la democracia liberal entre los ancaps viene del hecho de que parece haber una relación directa entre democracia representativa y crecimiento del Estado.  Y la Estadofobia de sus miembros les lleva a odiar también la democracia (da igual su modo liberal, orgánico o popular).  Pero para los que concebimos el Estado, como el mercado, como herramienta al servicio del ser humano, y no al revés, no nos preocupa su tamaño per se sino exclusivamente su instrumentalización contra la dignidad humana, uno de cuyos componentes esenciales, pero no el exclusivo, es el de la autonomía moral, la libertad entendida auténticamente en su doble faceta berliniana de libertad negativa y positiva, lo que lleva a la necesidad de un Estado configurado como monopolio legítimo de violencia para satisfacer los principios rawlsianos de justicia.

Por ello, al mismo tiempo que se instauran en la democracia liberal compleja instituciones en cierto grado independientes del poder político, aunque sin perder una conexión última con la legitimidad democrática (de los Tribunales Constitucionales a los Bancos Centrales), se articulan mecanismos electorales que posibilitan a los ciudadanos una capacidad de decisión mayor en los asuntos que les atañen: listas abiertas, primarias, referéndums...  Los ejemplos están ahí al lado y se pueden visitar: de Suiza a Dinamarca pasando por Alemania o los Estados Unidos.  Los ejemplos contra la democracia liberal también se pueden conocer de primera mano: Venezuela para seguir el modelo de Pablo Iglesias. China o Singapur satisfacerían en gran parte a un Platón actualizado con algo de Hobbes y que tanto interesa a los estudiantes chinos que en las universidades americanas están más interesados en aprender latín que inglés.

La democracia liberal es un sistema dinámico que basándose en la concepción política de que el poder pertenece al pueblo se ha desarrollado para combinar la eficiencia de los sistemas meritocráticos con la creencia de la igualdad intrínseca de todos los seres humanos en términos de derechos fundamentales.  Una estupenda combinación de Pericles y de Platón que a ambos parecería extraña pero que recoge lo esencial del proyecto democrático griego sometido a enmiendas parciales de la Academia. Amoldándose a las circunstancias culturales y a los problemas endógenos y exógenos emergentes, la democracia liberal, así como la economía liberal, ha ido soslayando los apocalipsis que profetizaban desde la extrema izquierda y la extrema derecha, venciendo filosófica e históricamente a fascismos, comunismos y anarquismos.  Este proceso de creación destructora no ha acabado y nuevas formas de dicha democracia liberal se realizarán en diversos lugares.  Pero la pasión democrática en su mejor expresión, la optimización de la libertad individual dentro de una marco colectivo de justicia, sigue siendo el horizonte insuperable de nuestro tiempo.

De hecho, con las nuevas tecnologías la democracia ha mutado en nuevo modelo de "democracia 2.0" que constantemente está controlado a las instituciones meritocráticas.  Aunque esta nueva "democracia 2.0" puede degenerar en nuevo tipo de populismo digital.  Por ello será importante alcanzar un buen balance entre la tendencia positiva y negativa de las nuevas tecnologías aplicadas a la democracia.  Porque un mismo modelo, por ejemplo la democracia a través de referéndums puede revelarse como un multiplicador de la gobernanza inteligente, tipo Suiza, o devenir un caos aprovechado por los grupos de intereses organizados espuriamente, tipo California.

El papel del Estado en este entorno de democracia 2.0 deberá ser antiburocrático, flexible pero fuerte, limitado pero poderoso.  En lugar de los delirios anarquistas, la mejor opción es lo que se suele denominar como minarquismo, la opción por la cual los liberales se revelan como el mejor amigo del Estado frente a la enfermiza fobia de los anarquistas y la no menos enfermiza querencia elefantiasica de los socialistas y los conservadores.  Por el contrario, para el minarquismo el Estado será bueno o malo dependiendo del tipo de poder que lleve a cabo, de su legitimidad, su eficiencia y su equidad.  De su imbricación con el mercado en una dualidad estado-mercado al servicio de la sociedad civil, con el poder descentralizado y delegado para que la toma de decisiones esté lo más cerca posible de los ciudadanos en tanto que consumidores como votantes deberán ser lo más entendidos e informados, tendremos una democracia de mayor o menor calidad.

Puestos a plantear posibles mejoras polémicas de la democracia se me ocurre poner en cuestión el axioma de "un hombre, un voto" que podría transformarse en "un hombre, un voto ponderado", viniendo la ponderación de la cualificación específica respecto a un tema electoral concreto.  Mientras que en unas elecciones generales todos los votos serían equivalentes, no así sucedería con referéndums específicos.  De hecho, cada sistema electoral determina que no todos los votos valgan igual dependiendo de que sean más o menos mayoritarios, de las circunscripciones que se elijan, etc.  También cualquier reforma electoral auténticamente democrática tendrían en consideración que el peso de cada votante individual fuese lo más significativo posible, vinculando cada voto a una persona concreta que tuviera que responder ante el votante.

Por último, como decía, la democracia tiene que aprender mucho del mercado porque éste permite la cooperación incluso entre aquellos que se detestan entre sí mientras que la democracia funciona mucho mejor a la hora de promover la cooperación en entornos cohesionados por una identidad común.  Pero en esta época en la que los Estados-Nación están desapareciendo tras la lógica de la globalización que lleva a la creación de Estados-Imperios, la democracia para sobrevivir tendrá que ser a la vez imperial y local de modo que no se pierda esa alianza entre liberalismo y democracia que ha fundado el mejor humanismo.  Demóstenes e Isócrates, los grandes clásicos de la antidemocracia junto a Platón, confiaban en la aparición de un líder salvador heleno.  Pero no necesitamos a ningún Alejandro Magno ni a ningún dictador hoppesiano sino una articulación mejor de la democracia para permitir que la inteligencia múltiple, plurar y variada de la ciudadanía mejor formada de la historia sea la que tome las riendas a través de instituciones meritocráticas a las que puedan acceder los mejores y sean controladas y fiscalizadas por todos.

sábado, agosto 08, 2015

Cineastas contra Israel

Calificación 
Este año el Festival de Locarno dedicaba su sección Carta Blanca al cine israelí.  Sin embargo, un manifiesto de cineastas, liderados por los izquierdistas Ken Loach y Jean Luc Godard, han promovido la censura de estos filmes.  Afortunadamente el Festival ha defendido la libertad de expresión ante este enésimo ataque de la extrema izquierda contra la cultura en general y contra Israel en particular.  En El Medio lo cuento